Japón ejecuta a tres condenados a muerte

2013022106291Se trata de los primeros ajusticiamientos desde que llegó al poder el primer ministro conservador, Shinzo Abe

Las autoridades japonesas han aplicado de nuevo la pena de muerte. Esta madrugada han sido ejecutados tres reos condenados a la pena capital, según ha informado el ministerio de Justicia.

El ministro de Justicia, Sadakazu Tanigaki, ha justificado su decisión porque “se trata de casos extremadamente crueles, en que las víctimas fueron privadas de sus preciosas por razones egoístas”, ha señalado en rueda de prensa el ministro, que antes había declarado que ordenó las ejecuciones “después de haber considerado profundamente los casos”.

Los tres presos ahorcados, según establece la ley nipona, fueron condenados a la pena capital por asesinato. Kaoru Kobayashi, de 44 años, lo fue por haber violado y dado muerte a una niña de siete años y haber enviado la foto de la víctima a su madre. Masahiro Kanagawa, de 29, mató a un hombre e hirió a otros siete en un centro comercial de Tokio. Y Keiki Muto, de 62 años, asesinó al dueño de un bar.

Estos ajusticiamientos son los primeros que tienen lugar desde que asumió el poder el Gobierno conservador que dirige el primer ministro Shinzo Abe, en diciembre del 2012.

Durante los tres años anteriores, en que gobernó el progresista Partido Democrático se llevaron a cabo un total de nueve ejecuciones. De ellas, siete se realizaron el pasado año 2012. Y según el ministerio de Justicia quedan en el corredor de la muerte un total de 134 personas.

Japón, que tradicionalmente ejecuta a varios reos a la vez, es el único país industrializado y democrático, junto a Estados Unidos que mantienen la pena de muerte.

La mayoría de la población de la tercera potencia mundial apoya la aplicación de la pena de muerte. No obstante, en los últimos años han ido aumentando las voces críticas. Las organizaciones de derechos humanos cuestionan las duras condiciones de aislamiento de los condenados, a quienes no se les comunica con antelación la aplicación de la sentencia. Una situación que también sufren sus familiares, que tampoco tienen oportunidad de despedirse del preso, ya que sólo tienen conocimiento de la ejecución cuando ya se ha llevado a cabo.

 

 

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